EL ELEMENTO: Descubrir tu pasión lo cambia todo..

Uno de los libros que me han recomendado en un grupo social educativo es El Elemento, de sir Ken Robinson, un famoso educador, escritor y conferencista británico. De momento, estoy leyendo el libro, y os aseguro que es el mejor libro –educativo- que leí en toda la vida. El Elemento, tal como lo define Robinson, es aquello que se nos da bien y que nos encanta hacer. Descubrir nuestro elemento es lo que nos va a ayudar a alcanzar nuestro mayor grado de autorrealización y también desplegar nuestro máximo nivel de contribución a la sociedad.
Portada de El Elemento
Robinson empieza su libro con una radiante historia de la pequeña Gillian, que todos creían que padecía un trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) pero, en realidad, no era eso lo que padecía Gillian, lo único que necesitaba era descubrir su Elemento.
Gillian sólo tenía ocho años (en los años treinta), pero su futuro ya estaba en peligro. Sus tareas escolares eran un desastre, al menos según los profesores. Entregaba los deberes tarde, su caligrafía era horrible y aprobaba a duras penas. No solo eso, además causaba grandes molestias al resto de la clase (…). En el colegio creyeron que Gilian tenía dificultades de aprendizaje (TDAH) y les recomendaron a sus padres que la llevasen a una escuela especial, por la enfermedad que padecía (…). Los padres recibieron la carta del colegio con gran preocupación y se pusieron en marcha. La madre de Gillian (…) la llevó al psicólogo para que la evaluara.
(…) El psicólogo le preguntó a la madre un montón de cosas sobre Gillian, mientras dirigía los ojos a la pequeña que estaba sentada en el sofá -Gillian-, estas miradas hicieron que Gillian se sintiera incómoda y confusa.
Finalmente, la madre de Gillian y el psicólogo dejaron de hablar, el hombre se levantó del escritorio, caminó hacia el sofá y se sentó al lado de la pequeña. “Gillian, has tenido mucha paciencia y te doy las gracias por ello –le dijo- pero me temo que tendrías que seguir teniendo paciencia un ratito más. Ahora necesito hablar con tu madre en privado. Vamos a salir fuera unos minutos. No te preocupes, no tardaremos”.
Gillian asintió, intranquila, y los dos adultos la dejaron ahí sentada, sola. Pero antes de marcharse de la habitación, el psicólogo se reclinó sobre el escritorio y encendió la radio.
En cuanto salieron y llegaron al pasillo, el doctor dijo a la madre de Gillian: “Quédese aquí un momento y observe lo que hace”. Se quedaron detrás de una ventana de cristal oscuro desde donde Gillian no podía verles. Casi de inmediato, Gillian se levantó y comenzó a moverse por toda la estancia siguiendo el ritmo de la música (bailando). Los dos adultos se quedaron en silencio unos minutos, deslumbrados por la gracia de la niña (…).
Por fin, el psicólogo se volvió a la madre de Gillian y dijo: “Señora Lynne, Gillian no está enferma. Es bailarina. Llévala a una escuela de danza”.
La madre de Gillian hizo lo que el psicólogo le recomendó. Gillian iba a la escuela de la danza una vez por semana y practicaba en casa todos los días (…). Con el tiempo, Gillian hizo una prueba para la Royal Ballet School de Londres y la aceptaron.  Siguió adelante hasta que ingresó a la Royal Ballet Company (…). Cuando esta parte de su carrera terminó, Gillian formó su propia compañía de teatro musical y produjo una serie de espectáculos en Londres y en Nueva York que tuvieron mucho éxito (…).
La pequeña Gillian, la niña cuyo futuro estaba en peligro, llegó a ser conocida en todo el mundo como GillianLynne, una de las coreógrafas de nuestro tiempo, alguien que ha hecho disfrutar a millones de personas y que ha ganado millones de dólares. Y eso ocurrió cuando hubo una persona que le miró profundamente a los ojos: alguien que ya había visto antes a niños como ella y que sabía interpretar los síntomas (…). Gillian no era una niña problemática. No necesitaba acudir a ninguna escuela especial, sólo necesitaba ser quien era realmente. Sólo necesitaba descubrir su ELEMENTO y su pasión.
La bailarina Gillian Lynne

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