¿En la clase? Mis alumnos me respetan y me aman.
Al igual,
todos queremos ser amados por nuestros alumnos, sentirnos queridos por ellos, y
no representar su pesadilla de la escuela. Algunos docentes tienen este talento
de forma natural, mientras que otros dedican mucho esfuerzo para adquirirlo día a día, siempre hay los que nacen con estrellas y los que nacen estrellados. Y claro,
hay los que ni se enteran.
| Fotografía extraída de: www.dreamstime.com |
Hay un
término inglés que se ha puesto muy de moda últimamente en distintos campos,
que define la relación personal basada en la fidelización, el compromiso y la motivación.
Es la palabra Engagement, en castellano lo podemos cambiar por enamorar -más o menos-.
Pero ¿Qué podemos o debemos hacer para que los alumnos se enamoren de la
asignatura que impartimos? ¿De nuestra clase en general?
Enamorar,
en este sentido, sería conseguir conectar con los alumnos, ser capaces de
convertirnos en sus modelos o prototipos, que la clase que impartimos la
esperen con ilusión. El profesor no es más que un compañero de clase que sabe
un poco más que el alumno, y que está siempre para enseñar –a los alumnos- y
aprender –de los alumnos-. Y sabe muy bien cómo regir la clase (los alumnos) a
que todo funcione a su favor. No es nada fácil conseguirlo, pero una vez logrado,
nadie nos lo puede quitar. Y está muy claro que todo comportamiento o
movimiento dentro de la clase, nos puede o ayudar en conseguir la misión o
sembrar más dificultades y hacernos la vida imposible en el aula.
Tanto
el lenguaje verbal como el gestual nos cubren la gran parte de la comunicación dentro
del aula. Por eso hay que ser muy cuidado en seleccionar los trucos que
empleamos para desarrollar una sesión determinada.
- - La sonrisa, todos preferimos caerles bien a los demás, desde la primera vista. Hacer buenas migas con ellos, sin necesidad de hablar. Entrar sonriendo el primer día a la clase, puede definir tu carrera de profesor, por lo menos durante ese curso que acabas de empezar. La seriedad y la disciplina nunca han sido especialidad del semblante serio. Sino del profesor o maestro trabajador.
- - Implicar a los alumnos en la vida del profesor de forma inteligente, contándoles una anécdota, una experiencia vivida, dar un consejo mediante un ejemplo. Todo eso y demás cosas hacen que el alumno se enamore de la personalidad del profesor. Es una excelente técnica que sirve para captar la atención de los alumnos y disminuir conductas disruptivas.
- - El uso de los medios audiovisuales en el aula, sobre todo si se trata de una clase de lengua extranjera. Ayuda mucho a romper la rutina y la monotonía. Permite más presencia mental de los alumnos en el aula.
- - Seguir aprendiendo de los alumnos, no creo que haya mejor manera de enamorar a los alumnos que demostrarles algún día, que ellos te enseñaron algo. Hacerse el sueco de vez en cuando no está nada mal.
- - Ser generoso, es muy importante crear vínculos con los alumnos imponiendo respeto a la vez, eso lo podemos hacer dando o regalando algo a algún alumno en público (a los alumnos). Demostrar nuestro amor por la profesión y por nuestra estancia ahí con ellos.
- - Hacer algo inusual, intentar demostrar la espontaneidad para ganar más confianza de los alumnos, puede ser un gesto, un movimiento, recitar un poema, cantar una canción, andar de puntillas… Estas extravagancias tienen un poder muy efectivo.
- - Intercambiar los papeles de vez en cuando, de profesor a alumno y de alumno a profesor. Permitirles la oportunidad de ser profesores aunque por unos minutos. Muchas veces entramos al aula y nos encontramos algún alumno/a sentado/a en la silla del profesor.
- - Siempre hacer del alumno el protagonista, hacerle ver lo importante que es para nosotros.
- - Bromear, siempre se ha demostrado que se puede aprender jugando y divirtiéndose. Y enseñarles de forma indirecta que bromear no es reírse de la gente sino reírse con la gente.
| Fotografía de: www.conmishijos.com |
En muchas
ocasiones nos hemos dado cuando de que las grandes clases se nutren de muy
pequeñas actuaciones y de mínimos detalles.
"Personalmente, me enamoré del castellano porque me enamoré primero de la profesora que nos lo daba en el instituto, era una profesora fascinante con todo sentido de la palabra".Todo profesor debe reflexionar sobre cuál es su papel en el aula, y qué hace para enamorar a los alumnos de su materia. Dijo Gesualdo Bufalino del enamoramiento, “enamorarse es un lujo, quien no puede permitírselo, finge”.
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