Feliz, haciendo felices a los demás
La felicidad,
un término al que aspiramos todos y del que hablamos cada día, “Estoy mal - no soy feliz - estoy de mala leche - vivo triste - nunca me hace
feliz…”. Siempre pensamos en cómo ser felices, y cuando lo hacemos
cometemos el error de pensar que la felicidad nos la podemos proporcionar a
nosotros mismos, eso es total egoísmo. Pues no, no es cierto que podamos ser
felices con el mero hecho de querer serlo. En realidad la felicidad siempre nos
la regalan los demás, gente que vive a nuestro alrededor, amigos, familiares,
pareja, en general gente que nos ama y nos quiere, quiere vernos felices. Dicho esto, planteo la
siguiente pregunta ¿Tú haces feliz a
alguien? -Eso es, no lo sabes. Y ¿qué es
lo que entiendes por felicidad? Obviamente, una pregunta muy abierta y siempre
depende de la perspectiva de donde cada uno de nosotros interpreta este fenómeno.
La felicidad
es esos pequeños detalles que acompañan a la acción grande que se realiza, esos
trucos y actos mínimos que nosotros creemos que no tienen importancia, esta
generosidad nuestra con los demás en un espacio de tiempo muy breve, estos
actos simples, fáciles y totalmente gratuitos que hacemos por otros. La felicidad
es todo lo que no estamos obligados a hacer a los demás, y lo hacemos porque queremos. Enseguida vamos a
ver algunos trucos que nos pueden ayudar a hacer felices a los que nos rodean, y
entender más o menos cómo se puede regalar la felicidad a alguien.
Saludar
por el nombre, es muy
importante saludar a las personas con su nombre, porque obviamente “buenos días” no es igual a “buenos
días, Carmen”. Si te fijas en los dos ejemplos y te pones en situación,
entenderás perfectamente la importancia del saludo por el nombre. Es una forma
de reconocer al otro, de manera indirecta.
Interesarte
por la gente. Hay que
distinguir entre ser interesado e interesarse por la gente. Son dos acciones
que no tienen nada que ver entre sí. Si quieres demostrar el interés por la
gente, comparte tu protagonismo con ella, pide su opinión, acéptala en caso de oponerse
a la tuya. Dejarle al otro ese margen de expresarse y decir lo que piensa de
ti. (Mirarle a los ojos y asentir con la cabeza, es un acto de demostrarle
interés).
Sonreír. La sonrisa es una señal de ser feliz, entonces por qué no
demostrarlo cuando lo somos. Que hacen falta cuarenta músculos para fruncir el
ceño y sólo quince para sonreír.
Agradecer. ¡Por Dios! dar las gracias no cuesta nada. Además por qué
ser tan tacaño pronunciando un “gracias”, en vez de formar una frase completa y
bien rica, como “te agradezco Lucy
por haberme invitado a tu fiesta, eso me alegró mucho de verdad”. Es una forma educada de dar las gracias y
robarle una sonrisa a Lucy.
Celebrar
nuestra felicidad y nuestros éxitos con la gente, y celebrar los de los demás también. Si en realidad a todos nos apetece, hay que demostrarlo entonces,
mediante una frase verbalizada “Te doy mi más sincera enhorabuena Lucy, te
lo mereces compañera”.
Ser
positivo, es fundamental tener una visión positiva
del entorno que nos rodea. Influye de forma directa en nuestras emociones y en
nuestro sentido del humor. La vida debe consistir en ver el vaso medio lleno en
vez de medio vacío. Ya que no cambia nada, más vale sentirnos felices con lo que
tenemos que sentir pena por lo que nos hace falta.
Estas
han sido algunas habilidades en que apoyarse para aprender a hacer feliz a los demás,
que nuestra felicidad reside en alegrar a los demás y caerles bien. Y permitidme
finalizar mi entrada ésta con una frase célebre de Juan Pablo II
cuando dice:
«Hay mayor felicidad en dar que
en recibir».

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